… Y AHORA QUÉ?

“Resuenan tambores de guerra en el sector oleícola y orujero”

Antes de adentrarnos en la situación actual, quiero remarcar que almazara y orujera, más si cabe en estos tiempos, caminan de la mano hacia un mismo destino, independientemente de cual sea. Esto es un hecho que, principalmente por falta de información, es aún bastante desconocido entre la población, incluso dentro de nuestra provincia, la cual es la mayor productora mundial de aceite de oliva. Lo que conlleva, que la provincia de Jaén, también sea pues, la mayor productora de orujo graso húmedo (OGH) del mundo.

Actualmente, vivimos una situación muy complicada para ambos sectores en los que las altas producciones de aceite y su bajo precio, están transformando un sector lleno de riqueza en todos los sentidos, en un sector prácticamente insostenible.

Normalmente, siempre se ha hablado de la transformación de la aceituna en aceite y, posteriormente, del aprovechamiento del subproducto obtenido, al que llamamos OGH o alpeorujo. Siempre teniendo en cuenta el molturado de aceituna como acción principal y el tratamiento de alpeorujo como secundario y mucho menos importante. Pero nunca se ha considerado esta última como acción imprescindible para el sector o, al menos, se le ha dado esa importancia.

Ustedes me dirán que el olivar se cuida y cultiva para dar aceituna y aceite, pero yo les invito a verlo desde otra perspectiva.

Como ya hemos comentado, la producción de aceite de oliva origina la producción de un subproducto que hay que gestionar. No olvidemos que el 80% de la aceituna es OGH y el otro 20% es aceite (aproximadamente). En la actualidad, las almazaras/cooperativas no están preparadas para el almacenamiento y gestión de ese 80% de la producción, por lo que tienen la necesidad inmediata de desviarlo y/o transportarlo a otros centros donde se pueda gestionar ese subproducto. Por lo tanto, existe una problemática dentro del sector oleícola que es trasladado al sector orujero, de ahí que les dijera anteriormente que ambos sectores caminan y deben caminar juntos.

Volviendo a la problemática en cuestión, y debido al avance tecnológico, mejora de los cultivos, aumento de las producciones, etc., el aprovechamiento del OGH se está volviendo cada vez más costoso y menos rentable. Es decir, las almazaras cada vez están más modernizadas y la maquinaria utilizada para la extracción del aceite de oliva es, cada año, mucho más eficiente y ofrece unos rendimientos mucho mayores, con lo que el resto o residuo que deja es apenas aprovechable en otros procesos productivos. Esto afecta directa y negativamente a las orujeras que tiene unos bajos rendimientos y, por lo tanto, beneficios mucho menores, teniendo cada año mayores costes fijos de energía eléctrica, personal y mantenimiento, entre otros.

A esto se le suman los bajos precios “históricos” en los que se encuentra el aceite de oliva y, sobre todo, el aceite de orujo. Quisiera puntualizar en este instante que, aunque las orujeras también transforman el OGH en otras biomasas como el hueso de aceituna y el orujillo, para su uso como biocombustible, su principal fuente de ingresos depende de la venta y el precio de aceite. Por lo que, en años de precios bajos, la rentabilidad de las orujeras es prácticamente nula, por no decir negativa. En los últimos meses, el precio del aceite de orujo se traspasado la línea de los 700 €/tonelada, situándose ya por debajo de los costes de extracción

Pero esto, es algo que no se tiene en consideración en el sector oleícola, donde aún se sigue tratando el OGH como una fuente de rentabilidad para la almazara, complicando su gestión, las operaciones colaterales y aumentando la insostenibilidad de los dos sectores en conjunto.

Aquellos lectores que estén familiarizados con el sector, conocerán de primera mano la mala situación en la que arranca esta campaña 2019/2020 para ambos sectores y, con la experiencia reciente del año pasado, se ha demostrado que las orujeras son esenciales para que las almazaras y el sector oleícola tengan una seguridad de continuidad en su funcionamiento y producción. Ya que, varias orujeras estuvieron al borde del colapso e, incluso, llegaron a cerrar sus puertas, obligando a muchas almazaras y cooperativas a tener que trasladar su OGH a grandes distancias, a un coste muy alto y a parar su producción durante muchos días. Algo inédito y nunca visto.

Ilustración 1.- Balsas de Bioland Energy en La Carolina al máximo de su capacidad. [Fuente: Joaquín Morillo. Director General del Grupo Oleícola Jaén]

En la pasada campaña 2018/2019, prácticamente una campaña récord, se generaron más de 3,5 millones de toneladas de OGH, solo en la provincia de Jaén. Y en esta campaña 2019/2020, seguramente se llegue a aproximadamente 1,5 millones de toneladas.

¿Se han parado a pensar si no existieran las orujeras? ¿Qué harían las almazaras/cooperativas? ¿Volverían a verter en los ríos? ¿Dónde depositarían el OGH? ¿Pararían la producción? ¿Se dejaría de recoger aceituna? ¿Qué pasaría con el olivar? ¿De qué vivirían esas familias?

En contestación a estas preguntas, es a lo que me refería anteriormente con ver la situación del sector y la producción de aceite de oliva desde otra perspectiva diferente a la habitual. La gestión o tratamiento de los subproductos de las almazaras es un servicio que las orujeras están prestando para darles solución y salida a sus problemas. En semejanza a las labores de recogida y retirada de RSU (Residuos Sólidos Urbanos), en los que la población saca sus residuos de su casa, los deposita en recipientes o recintos destinados para su almacenamiento y paga por su gestión o tratamiento.

Ilustración 2.- Camiones descargando en las balsas de Bioland Energy en La Carolina. [Fuente: Pedro Juan Lara. Responsable de Planta de Bioland Energy]

Dicho esto, surgen varias cuestiones que están aflorando y que, siendo realistas, deben plantearse y debatirse: ¿quién debe hacerse cargo de la gestión del subproducto? ¿es un problema real de la almazara o de la orujera? En el caso de que fuera un problema para las almazaras, ¿por qué las orujeras pagan por solucionarle el problema a las almazaras y no al contrario? ¿por qué el precio del subproducto no baja al igual que baja el del producto? ¿por qué no se paga el subproducto según sus características, al igual que la aceituna? ¿por qué la solución se convierte en el problema?

Desde dentro del sector orujero, se están estableciendo soluciones y alternativas para que en estos años de “vacas flacas” la problemática del sector sea lo más llevadera posible y pueda darse tranquilidad al sector oleícola, en lo que respecta a la recogida y tratamiento de sus subproductos. También se está luchando para que se le dé más importancia al trabajo realizado dentro del sector orujero, no solo por su proceso productivo sino por la solución medioambientalmente sostenible que ofrecen al sector oleícola, a la provincia y al resto del mundo.

Ilustración 3.- Unión entre el sector orujero y oleícola. [Fuente: Elaboración Propia] 

Dentro del sector también se están realizando muchos trabajos de I+D+i, en lo que a mejoras tecnológicas se refiere, destinadas tanto a mejorar los rendimientos de las máquinas y procesos, como a mejorar y reducir las emisiones originadas en los secaderos de OGH. Estos trabajos son asumidos directamente por los empresarios que, sin ayudas ni subvenciones, se ven sometidos por la normativa a realizar fuertes inversiones imposibles de afrontar, sobre todo en tiempos como estos en los que la rentabilidad de las plantas es mínima.

Para que se pueda conseguir un desarrollo sostenible tanto económica como medioambientalmente, es necesario que existan aportaciones, no solo económicas, sino también tecnológicas por parte de los organismos públicos, para darle continuidad y seguridad al sector.

Desde Bioland Energy se ha apostado siempre por la mejora y la innovación, abriendo la puerta a todo tipo de ideas y proyectos que ayuden al sector y al medioambiente. Bioland Energy, incluso en años poco agraciados, sigue abarcándose en proyectos de innovación para la mejora continua de uno de los principales procesos productivos de la provincia de Jaén, el tratamiento de los subproductos del olivar.

En definitiva, se presentan años muy complicados dentro del sector oleícola y orujero, por lo que deben estar más cercanos y unidos que nunca, para poder sacar adelante la sostenibilidad de la provincia de Jaén, ya que, más de 110.000 familias viven del olivar y de ellas depende gran parte de la economía de la provincia. El hecho de estar más cerca, significa hacer sacrificios por ambas partes para rentabilizar tanto los procesos productivos como los trasiegos, transportes, operaciones que acarrean la gestión de los subproductos de las almazaras, mejoras tecnológicas, mejoras medioambientales.

Pedro Juan Lara Chaves

Responsable de Planta Bioland Energy, La Carolina

 

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